El jardín perdido

«Campo de flores». Obra de Ernest Martin Hennings (1886-1956).






EL JARDÍN PERDIDO


Wandell Berry

(1934-)






Aquí, donde el arroyo de oscura fuente rebosa,

reflejando la luz del día, haciendo eco

en su descenso a tramos, de cuenco en cuenco

de roca derruida, cantando así su ronda

de nube a mar y a nube, yo asciendo

por la senda del ciervo entre árboles desnudos,

bajo un viento que azota rama contra rama,

rugiendo todavía como lo ha hecho

dos noches y dos días, frío de lenta primavera.

Pero un canto antiguo en una garganta salvaje

recobra su memoria y rompe a cantar

en la luz que clareó la tormenta; y la sanguinaria,

la difila y la anémona de los bosques

se alzan entre sombras yermas, fieles

a lo que un día fueron y de nuevo

serán: frágil tallo y hoja, mero aliento

de flor blanca y constelada, cada forma

recordando su sitio y recordando

su tiempo. Rinde gracias, pues ningún vendaval

ni agravio humano ha corrompido esto:

el Jardín perdido que aquí mismo

se evoca y manifiesta, de dónde él y nosotros

somos; ni un acto ni idea se rebela

en este breve reposo sagrado, un tiempo digno

de ser eterno. Semejante júbilo

de la flor no es ornamento, sino raíz

y luz, una belleza redentora,

firmamento estrellado, aquí, bajo los pies. 


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