Noel

«Adoración de los Reyes». Obra de Diego Velazquez (1599-1660).







NOEL



J. J. R. Tolkien

(1892-1973)




Torvo y gris era el mundo anoche:

luna y estrellas habían huido,

el salón a oscuras, sin luz ni canto,

y los fuegos habían perecido.

El viento en los árboles, cual mar rugía,

y sobre los dientes de la montaña

silbaba libre y con gélida porfía,

como espada que salta de su vaina.


El Señor de las Nieves alzó la cabeza;

su manto, pálido y vasto,

sobre la amarga ráfaga se desplegó

y cubrió colina y pasto.

Ciego estaba el mundo, la rama encorvada,

salvaje era toda senda y camino:

entonces el velo de nubes se rasgó,

y aquí nació un Niño.


La antigua bóveda del cielo puro

fue punzada por una luz distante;

una estrella llegó, blanca y clara,

sola sobre la noche, brillante.

En el valle de sombra, en esa hora natal,

una voz de pronto cantó:

y todas las campanas, en Cielo y Tierra,

sonaron cuando la medianoche dio.


Cantaba María en este mundo de abajo:

oyeron su canto elevarse

sobre la niebla y la nieve de la cumbre

hasta en los muros del Paraíso posarse.

Y las lenguas de muchas campanas se agitaron

para en las torres del Cielo tañer

al oír la voz de la doncella mortal,

que madre del Rey del Cielo vino a ser.


Gozoso es el mundo y hermosa esta noche

con estrellas ciñendo su frente,

y el salón se llena de risas y luz,

y el fuego arde rojo y caliente.

Las campanas del Paraíso ahora suenan

con las de la Cristiandad,

y Gloria, Gloria cantaremos

pues Dios ha venido a la tierra en verdad. 


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